domingo 20 de noviembre de 2011
18.- Almas sin cuerpo
Pasaron por entremedio de los alambres de puas y empezaron a correr.
Al primer paso que dieron en el territorio sintieron algo extraño, un escalofrio recorrió su cuerpo, y un par de perros comenzaron a ladrar en la distancia.
- rayos- gritó Fucao a Waikife- debiamos pasar inadvertidos.
Cinco perros “quiltros” aparecieron al ver a los intrusos.
Waikife miró al suelo al ver a los perros en la distancia, y agarró una piedra.
- Witranalwe- dijo y la piedra se tornó plateada y la lanzo un par de metros antes que los perros.
La roca chocó en el suelo y se partio en miles de pedazos y dejó un forado en el suelo de grandes dimensiones, el choque de la piedra fue tan explosivo, que pequeñas piedras le dieron a los perros y estos se alejaron llorando.
Fucao miraba la escena con preocupación, sentia lastima por los perros.
Corrieron hacia los arboles, tal vez la lluvia protegeria sus huellas y sus ruidos.
Llegaron tras unos arboles, y vieron a alguien pasar.
Caminando por alrededor del cerco apareció un hombre, con traje de agua amrillo muy brillante y una escopeta en mano, revisando si habian intrusos.
- debemos tener cuidado- murmuró Fucao.
Se ubicaron en contra un grupo de quilas y plantas trepadoras como copihues.
Era un grupo vegetal tan denso que parecía imposible de penetrar, asi que esperaron ahi, se taparon con el poncho, ya que la manta negra que Fucao traia para esconderse solo funcionaba de noche, y trataron de no moverse, debian evitar que los vieran.
Unas manos salieron de la hierva y agarraron la cabeza de Fucao, tenia un cuchillo que lo puso en su cuello.
- aqui- gritó esa misma voz, luego bajo el tono para dirigirse a los dos muchachos.- si hacen algo, lo mato de inmediato.
Entre las hojas, el barro y la lluvia observaron el rostro que los asechaba, era delgado, de ojos grises y cabello claro, sus ojos y su sonrisa mostraban que claramente no tenía ninguna buena intencion.
El vigía al ser llamado de esa forma apuntó de inmediato a Waikife que se habia parado al sentir las manos, apuntó y…
- Witralanwe - gritó Waikife sobre su poncho.
Fue un segundo de calor abrazador, el grito y el fulgor hizo que el hombre disparara, la bala impacto en el poncho, el cual se rasgo pero no penetró. En el pecho donde la bala impacto se hizo una rasgadura que llegaba a la piel.
Waikife tomó el poncho y desgarrado y se lo lanzó al hombre.
Al ser una tela, el movimiento que describió fue irregular y azaroso, en cierta forma sirvio como una hoja con filo, el terreno sufrió multiples cortes en varias direcciones, el hombre terminó con un brazo amputado a lo cual soltó el arma, y detras el alambre de puas se cortó en multiples partes.
El hombre estaba espantado, agarró su mano y salió corriendo, arrancando de aquella hacienda, arrancando de su trabajo.
- Witranalwe- escuchó Waikife a su espalda.
Al darse vuelta el hombre de pelo gris habia salido de las hiervas y su cuchillo tenia un brillo grsaceo un tanto opaco, muy bien puesto en el cuello de Fucao.
- ya les dejé hacer mucho ahora hagan caso a lo que les digo, relajensé y síganme, tú, el indio vas adelante.
Waikife levantó los brazos en señal de rendicion y comenzó a caminar, detras Fucao llevado por el hombre.
- dos pendejos, uno un huaso, el otro un indio, ambos manejando Witranalwe, ya estaba advertido de ustedes dos.- añadió.
- ¿eres un brujo?- preguntó timido Fucao.
- Depende, si manejo arte, si asi es, pero si pertenesco a la recta provincia, no.
Un par de hombres armados aparecieron, mas el sujeto les hizo un par de señas y se retiraron, sólo uno se quedó a modo de escolta, abrio un porton de madera y los hizo pasar a un enorme galpon.
El galpón estaba lleno de repisas con diversos tipos de frascos, algunos de color dorado otros negros.
- ¿que son esas cosas?- preguntó Waikife.
- Callate- le grito el hombre.
El sujeto con la mano libre tomó un frasco vacio que estaba sobre el mueble, se notaba que dentro habian algunos tipos de hiervas.
Waikife trató de utilizar ese momento de descuiudo del sujeto para abalanzarse encima, pero la accion no la pudo terminar, bastó con una mirada penetrante del sujeto mientras resitaba algunas extrañas palabras para que Waikife cayera desmayado.
De la boca de Waikife salió un vapor plateado, que entró en el frasco, y rapidamente con un corcho que tenia en el bolsillo tapó el frasco.
- Uno menos, aquel aliento macerado hará un buen licor.
- Witranalwe - gritó Fucao sujetando su propio brazo, fue la unica idea que se le ocurrio.
El sujeto no alcanzo a reflexionar porque Fucao con su brazo golpeó en forma ascendente al brazo que sujetaba el Witranalwe del brujo.
El golpe fue tal que el brujo soltó el arma y su brazo se fracturó. Fucao se alcanzó a dar media vuelta y golpeó al brujo, la fuerza fue tal que el brujo saltó varios metros contra las repisas, decenas de botellas se quebraron, las de interior negro se esfumaron en el aire, y las de interior plateado comenzaron a girar en torno a la habitación. El brujo estaba muerto, el golpe le habia destrozado la caja toraxica.
Fucao miró su mano que volvia a su tono normal, toda la piel del dorso de la mano se habia desprendido y se habia dislocado el codo, el dolor era insoportable. Con su otro brazo logró abrir el frasco que estaba en el suelo, de donde el vapor plateado salió e ingresó en el cuerpo de Waikife nuevamente.
Hubo una respiración fuerte y Waikife se levantó.
- Fucao, ¿que pasó?- entró en sí.
Entonces vio la escena, los estantes caidos, el vapor plateado en la habitación, Fucao con el brazo dislocado y sangrando.
- los frascos… rompe los frascos, hay aliento en su interior- pudo decir Fucao luchando por no gritar de dolor.
Waikife lo entendió de inmediato, y comenzó a abrir tpdps los frascos que encontró en la pieza.
La puerta comenzó a sonar.
- jefe ¿esta usted bien? ¿jefe?, ¿jefe?- se escuchaba al otro lado.
- La puerta cedió y entraron 7 hombres.
Fucao se escondió detras de un estante botado.
Waikife tomó una de las botellas intactas de vidrio y la lanzó.
- Witranalwe- gritó.
Y sucedió algo extraño, gran parte del vapor plateado reaccionó a las palabras y se dirigieron a la botella, que por un instante brilló como el sol y se quebró y los trozos de vidrios que siguieron la trayectoria, pero cada trozo posedido por un Witranalwe.
Los hombres cayeron muertos de inmediato, los trozos de vidrio los atravezaron de lado a lado, en varias partes, a algunos se les cayeron los miembros, a otros, no quedó algo semejante a miembro siquiera.
Waikife estaba impresionado, no esperaba algo como eso.
Fue al fondo donde encontró fue a la ropa del brujo sobre los estantes, rasjó su camisa y le hizo un cabestrillo para Fucao, y con el otro tanto de tela que se tapara la herida para que restañara un poco la sangre.
Waikife luego sacó la escopeta que llevaba uno de los hombres, sabia ocuparla, y salieron del granero.
Disparó por sorpresa a dos hombres que encontró fuera llegando a la casa.
El sonido alertó a otros tres mas que al salir se riendieron y se fueron corriendo de la casa.
Fucao y Waikife estaban solos en la casa, asi que Waikife más que nada comenzó a buscar cualquier cosa, papeles, información de todo tipo, mientras el vapor plateado aun los seguía.
- ¿por que no se van y vuelven donde pertenecen?- se imapacientó Waikife.
- ¿creees que aqui esten el aliento de los hombres de tu pueblo?- preguntó Fucao.
- No es que crea, es que estoy seguro, pero ¿por que no regresan a sus cuerpos?
- Tal vez estan confundidos, o tal vez…
- ¿o tal vez que?
- Debe ser una tontera, pero tal vez aun no pasa algo…
Siguieron buscando y encontraron mas ingredientes, aquel brujo que los habia llevado al granero para sacarles el aliento hacia un extraño brebaje que después vendía a la recta provincia, era de mejor calidad cuando habia sido añejado el aliento mientras el cuerpo aun estuviera vivo, las botellas negras contenian alientos del cual el cuerpo del que procedian ya habian fallecido clínicamente.
Entonces escucharon un motor, la lluvia estaba amainando, y fuera en la entrada habia llegado una camioneta, vieron que se bajaron cinco sujetos, y la silueta de uno ya la habian visto un par de veces, era el flechero de las flechas de hueso.
Waikife que estaba libre apuntó con la escopeta gritó Witranalwe, recordando las tarde de caceria con su padre y disparó a la sombra conocida.
Pero no sucedió nada, dos de las sombras se escondieron detras del auto y otro cayó muerto.
Waikife volvió a efectuar el disparo y el otro sujeto que no alcanzó a esconderse cayo muerto, pero el flechero se mantenía firme, en pie y empezó a avanzar hacia ellos.
domingo 26 de junio de 2011
17.- Una nueva pista.

Fucao y Waikife estaban en el hospital del Pouten, muchas camillas en un cuarto muy blanco, el mismo Millalobo los había ido a saludar, mas poco tiempo había podido acompañarlos, según los rumores indicaban Pincoy estaba grave.
Paicoy los fue a ver a la habitación.
- ya llevan cuatro días aquí- les saludó.
- Si- saludó Fucao.
- Deberíamos ya movernos.- agregó Waikife.
- Si, hoy les dan el alta- le respondió.
- ¿que fue lo que le pasó al Pincoy? Cosas hemos escuchado pero…- Fucao estaba curioso.
- La verdad, poco se sabe, peleó contra alguien que atacó al Pouten con grandes trozos de hielo, pero nadie más lo vio, esta muy herido, pero lo más importante es que el Pincoy esta muy delicado dentro del trozo de hielo, están tratando de derretir el hielo lentamente, pero no es un hielo normal y tomará meses.
Fucao bajó la cabeza.
- lo único que quiero es salir de aquí y seguir con lo nuestro- se impacientó Waikife.
- Tranquilo, tranquilo, mira que ya están comenzando a recolectar información entre los prisioneros- comentó Paicoy- así que pronto cada uno tendrá una misión, yo creo que van a obtener información para ustedes muy pronto, hay muchos prisioneros, muchos de ellos brujos de poca categoría, y algunos hombres enviados por el mismo Cachafaz, así que algo van a obtener, así que por lo mismo un poco de paciencia, recuerda que la paciencia es la virtud cardinal que se opone a la ira.
Habiendo dicho eso, Paicoy se retiró de la habitación dejando al malhumorado Waikife y a Fucao tentado de la risa.
- ¿de que te ríes?- se molestó Waikife.
- No se, encuentro extraña la situación, estoy que me muero de ganas con seguir, pero no puedo, tú estas en las mismas, debemos hacer lo que menos deseamos.
Waikife miró a Fucao, a veces lo encontraba molesto y bochinchero, pero dentro de todo era un buen compañero y sabia que podría seguir con él, tal vez alguien así era lo que lo mantenía cuerdo.
Tras el alta, les dieron a ambos una casa provisoria en el Pouten, les llevaban comida todos los días y les llegaban noticias de algunos conocidos que se habían hecho, al parecer el ambiente dentro de los investigadores era denso. Paicoy se fue a despedir un día de ellos, partía a un tal lago Tempanos.
Los días pasaron, asi se fue un mes.
Otro dia un joven Sumpall llegó con una citación a ambos hacia el palacio, la propia Pincoya los queria ver. Asi que ambos se arreglaron y partieron rumbo al palacio para encontrarse con la bella princesa.
Las puertas se abrieron, y unos instrumentos parecidos a la trutruca sonaron al entrar, la Pincoya los esperaba.
- amigos del Pouten.- saludó
- buenos dias- saludó Fucao mientras se inclinaba- ¿para que nos mando a llamar?
- La verdad es que tengo nuevas sobre algo que creo les podrá servir- dijo sacando unos papeles.
- Es algo relacionado con el Cachafaz, hemos descubierto el rapto de numerosas mujeres a lo largo de la isla y del continente.
Waikife supo que se refería a su mujer.
- aun no hemos logrado obtener la locación de donde son llevadas, pero logramos obtener una dirección, al norte de la isla, no sabemos cual es la relación del todo directa pero si por ejemplo les podría sonar el nombre de Pachini.
Fucao y Waikife se observaron de inmediato, el ebanista chilote, no sería tan descabellado ir a ver, después de un mes sin avances querían salir a como diera de lugar.
La Pincoya les pasó un papel.
- les llevaremos en uno de los Caleuches hasta la tierra, es todo lo que podemos hacer, si descubrimos algo mas trataremos de hacérselo saber, por ahora es todo.
- Gracias, gracias- comentó Waikife emocionado, cosa que a todos sorprendió.
- Mañana mismo partirán en un caleuche, preparen sus cosas, y nos vemos.
Aquellas palabras fueron suficientes, los muchachos se fueron del palacio emocionados, por fin volverían a tierra, por fin volverían a respirar aire, pero por sobre todo, por fin seguirían con la búsqueda, la cual sentían como su gran misión.
Fucao y Waikife a diferencia de los hombres de Clodomiro, no tenían embarcación propia, así que prepararon un caleuche para partir temprano, la despedida fue digna de grandes héroes, la Pincoya les dio monedas de oro para su viaje, de alguna forma debían costear sus vidas, y le dio un beso en la mejilla a ambos, Fucao se puso rojo en el acto.
Subieron al barco, lo manejaba un viejo hombre se veía gastado casi cadavérico, pero seguía siendo humano, vio que no tenia ni agallas ni el collar que utilizaban.
- en el caleuche se pueden sacar esas cosas- comentó el hombre a sus nuevos pasajeros.
Ambos se sacaron sus collares con resquemor, pero se dieron cuenta que nada sucedía. La magia del caleuche los protegería.
- arriba las velas- dijeron al palo mayor de los tres que poseia la embarcación, los hombres, viejos marinos se movían entre los palos con gran agilidad, la madera era oscura parecia podrida pero era solo apariencia, la ancla se levantó, las velas se inflaron y comenzaron a flotar, el caleuche se estaba elevando hacia la superficie.
Aquella imagen del Pouten desde las alturas era única, y esta vez pudieron disfrutarla, no iban a aseciadarla como la última vez que la había visto de esa forma.
El caleuche avanzaba lenta pero firmemente, alrededor toninas y peces jugaban entre las velas
Waikife llevaba un papel con una dirección, al oeste de Ancud, debían viajar al extremo norte de la isla de Chiloe, cerca en cierta medida del pueblo de donde todo había comenzado.
Después de varias horas de viaje, la delgada película gris oscura que los separaba de la superficie, se estrelló contra la punta del palo principal, el caleuche estaba emergiendo.
El agua salpicaba en todas direcciones, los muchachos sintieron un leve ahogo, pero luego todo volvia a la normalidad, estaban en la superficie y respiraban aire nuevamente.
Toda la cubierta quedo seca inmediatamente, ni rastros de sal marina en la ropa ni los cuerpos de cada uno de los tripulantes del caleuche, situación que no duró demasiado, la lluvia que los recibió era tal que nuevamente la cubierta comenzó a mojarse, pero esta vez de agua dulce.
Fucao buscó entre sus prendas un poncho que les habían pasado, debía llevar poca carga pero un poncho era algo útil y con el se refugiaron cada uno, contra el agua que chocaba contra todas las superficies, en un gris saludo.
El caleuche se acercó lo más posible a una playa.
- esta es playa Brava, y esa gran masa petrea de ahí, es la piedra Run, ahora bájense aquí, es lo mas cercano a esa dirección que los puedo dejar.
Del costado del caleuche bajaron un bote, de madera tan añosa como el caleuche mismo, Fucao y Waikife se despidieron de la tripulacion, y fueron conducidos hasta la playa.
Se bajaron, acto en el cual se mojaron hasta las rodillas en el mar, y luego vieron hacia atrás como el bote regresaba al caleuche, con sus ojos siguieron, el como subían a proa el bote y cuando el barco comenzó a navegar hundiéndose en las profundidades y la oscuridad que producía la lluvia de la tormenta que chocaba contra la isla.
La lluvia era tal que empapaba hasta los huesos, así que el hacer fuego seria inútil, por lo que decidieron seguir. Habían descansado suficiente. Habían comido suficiente y solo seguirían la indicación que tenían, la cual no era muy lejos por la carretera, una parcela al borde del camino a un par de kilómetros de donde estaban.
Caminaron por algunas horas, sacaron de su bolso un poco de pescado seco y agua que llevaban en cantimploras, todas provisiones con las que habían partido del pouten.
De este modo al comenzar la tarde llegaron hasta el fundo con la dirección que decía el papel, no se veía mucho movimiento, pero estaba todo cerrado con alambre de púas, era un campo con mucho bosque, muy frondoso, se veía oscuro y tras una curva al fondo alguna cabaña, que no se podía observar bien desde afuera. Humo saliendo, por lo tanto había una chimenea.
- entramos a escondidas- comentó Waikife- y revisamos de inmediato la importancia de esta pista.
- Si está el señor Pachimi debemos actuar con cuidado- contestó Fucao- el nos ayudó y debemos ayudarlo a el también.
- Por eso me carga obtener compromisos- gruñó Waikife- esta bien vamos.
miércoles 15 de junio de 2011
16.- Los puestos vacíos.

La reunión en la caverna estaba acalorada, el incienso y la podredumbre inundaban el lugar, el vino con sangre humana se movía a lo largo de la mesa de jarro a copa.
- hemos perdido a tres de nuestros miembros- comentó el jefe de la mayoría- ahora somos 10, esta batalla por el Pouten la hemos perdido y todos los beneficios que esto nos implicaba.
- Ahora el mar es solo del Cachafaz- dijo otro.
El jefe de la mayoría lo miró con fastidio.
- solo un par de barcos le quedan, dudo que pueda recuperarse de tal perdida, el mar ha vuelto a ser del Millalobo y sus poutenes, según el informante del Cachafaz, tuvieron una baja muy importante y mientras no nos involucremos con el mar demasiado no tendremos mayores problemas.
- ¿y los muchachos?- preguntó Pedregal.
- Esos pendejos se escaparon- respondió el líder- y el flechero no ha podido dar con ellos, al parecer está herido, aunque no hemos vuelto a tener noticias de él.
La campana sonó, y tras unos instantes apareció el deforme mensajero que siempre les presentaba a los invitados.
- viene un tal Juan a contar lo que ha sucedido en el continente.
- Hágalo pasar- comentó el líder, a tiempo que se alejaba.
Los brujos comenzaron murmurar de nuevo.
- no han habido muchas noticias- agregó otro de los brujos- pero al parecer a Mortis en el continente se le atrasó su plan.
Los brujos sonrieron, por primera vez escuchaban una noticia agradable.
Juan apareció en la puerta.
- saludos honorables- se inclinó.
- Habla- ordenó el lider.
- Mortis estaba con planes de entrar a la legendaria ciudad de los Cesares, la entrada que tenia por Aysen, justo encontré a un grupo de indios que iban al lugar a detener la acción, así que fue muy fácil actuar, fue cosa de decirles donde estaba pasando la cosa y listo, ellos detuvieron las acciones.
- ¿Solo eran indios?- preguntó sorprendido otro de los brujos.
- Si, eran alakalufes y tehuelches, había un hombre lobo marino lo que encontré francamente sorprendente, y un muchacho al parecer yagán.
- Por suerte esas cosas solo pasan en el conti.- agregó el brujo.
- Si, así que se detuvo el ingreso de Mortis a la ciudad, pero también se tapó la entrada en el proceso.
- Mierda- se escuchó en el murmullo de los brujos.
- Esta bien, hay más entradas, y ya podremos entrar a la ciudad de los Cesares por nuestra cuenta, y obtener el poder que en ella se encuentra, esta bien, puedes retirarte- ordenó el jefe.
- Un momento, antes quería contar, que escuché de que Mortis ya está organizando dos expediciones de búsqueda de dos nuevas entradas, y que los trabajos ya están muy avanzados.
- ¿dos entradas mas?- se sorprendió el jefe.
- Si, una en el sur, cerca de un lago llamado Tempanos, y la otra más al norte, en Chaiten.
El jefe quedó pensativo.
- debemos evitar que se tapen esas entradas, hay que enviar hombres a investigar- esas fueron las ultimas palabras hacia Juan antes que este se retirara
domingo 3 de abril de 2011
15.- La ultima defensa.

La Pincoya nadó en dirección al caballo marino, capaz de llevar en su lomo a los 13 brujos de la mayoría de la recta provincia, pero que en esta ocasión solo llevaba a dos pasajeros.
Ella llevaba en sus manos un peine de oro.
Uno de los brujos se bajó del caballo y comenzó a descender gradualmente, el otro hizo un movimiento con las riendas del caballo, y este comenzó a correr hacia la pincoya.
El brujo en medio de la arremetida comenzó a tocar un silbato, y el agua alrededor de la escena comenzó a arremolinarse, y a condensarse, formando extrañas figuras, con ojos, un rostro y un cuerpo, eran criaturas mitad pez mitad algo mas, que aleteaban, chillaban y maldecían, con brazos y piernas en híbridos de un sin fin de criaturas, la pincoya dio un giro en torno a si, y sacudiendo el peine alrededor, las criaturas se desvanecieron tan rápidamente como habían aparecido.
Entonces hubo el choque, el cuerpo del caballo marino arrastraba a la Pincoya, pero a una caricia de la Pincoya el caballo se tranquilizó completamente.
El brujo que tenia a su disposición un lazo de zargazo, enlazó las piernas de la Pincoya, las cuales perdieron toda movilidad por el extraño arte que el lazo poseía, pero esta en un movimiento rápido con su otra mano pasó el peine por las doradas crines del caballo marino.
Hubo un relincho, una caída y una huída.
El brujo se habia caído del caballo, se mantenía flotando si, el caballo se perdía en la distancia, la Pincoya inmovilizada de piernas.
- muere maldita puta del mar- el brujo gritó.
Y de su cinto sacó un machete y nadó hacia ella.
La Pincoya en un rápido movimiento interpuso su propio brazo, al corte, la hoja se incrustó hasta el hueso de la Pincoya sin cortar el brazo, en ese instante con el brazo libre, el izquierdo golpeó hacia adelante al brujo, algunas costillas del brujo se quebraroy fue lanzado en la direccion contraria.
La Pincoya sacó el machete que tenia escrutado en su brazo, y con él cortó el zargazo, para nadar tras el brujo, este a su vez alcanzó a reaccionar y nado hacia el lado evitando de frente una decapitación, mas el collar de algas que tenía se cortó por el filo del machete.
Los pulmones se llenaron de agua, y en ese segundo, porque solo en ese segundo podia ser, un poco más y estaba muerto ahogado en el mar, el brujo cambio de forma a la de un pulpo.
Uno de los tentáculos rápidamente trató de estirarse para agarrarse a la Pincoya, pronto sujetó la cabeza de ella y se acercó vertiginosamente con el pico corneo abierto para morder la cabeza de la Pincoya, la cual a su vez hizo un gesto como un estornudo, y todo su pelo se volvio como una llama de fuego azulada y submarina, de una potencia tal que el pulpo se carbonizó, el brujo habia muerto.
La Pincoya ahora calva veía el trozo muerto de carne cocida, y bajó a tierra a curar su herida del brazo del cual estaba goteando abundante sangre, sangre mas densa que el agua.
El Millalobo nadó entre la batalla, con un golpe de él, uno de los caleuches se partio en dos, mas no se detuvo a rematar a los brujos que lo abordan, nadó directamente hasta la gigantesca criatura verdosa que nadaba, tan grande como una isla con la forma de una ballena, era algo que jamás había visto.
El Millalobo entonces nadó con todas sus fuerzas y chocó contra el vientre de la criatura, basta un golpe del rey del mar con esa fuerza para derrumbar montañas, pero la criatura no cedió, tampoco lo hizo a un tercer y cuarto golpe.
La criatura como reaccionando al ataque agitó su cola, la cual movio la masa de agua en una forma colosal, la corriente marina comenzó a girar y agitarse, algunos caleuches de ambos lados se estrellaron en unas rocas o entre si, mantener el curso en el agua se volvió una tarea casi imposible como estar en medio de una tormenta.
Waikife y Fucao estaban aguantando bien la lluvia de flechas, cargaron sus ballestas y dispararon “Witranalwe”, habían visto caer a un par de enemigos en la distancia, cuando algo calló del cielo como una roca a varios cientos de metros de distancia.
Luego hubo una señal de alerta, pedían ayuda del lugar del impacto, así que rápidamente corrieron entre los cuerpos, entre las rocas, entre las flechas. Tras un par de minutos, vieron lo que había caído, era un extraño trozo de hielo azulado, y en su interior, congelado un cuerpo, era mas era Pincoy quien estaba dentro.
Un viejo hombre lobo marino, dos hombres pez y un hombre Pouten estaban protegiendo el hielo que estaba atrayendo a varios enemigos, con el afán de destruirlo y con ello, quien estaba en su interior.
No pasó mucho rato antes que llegara otro personaje al parecer nadando en el agua con total libertad, puso sus pies en el fondo rocoso a unos metros de distancia.
- valla, valla, valla- saludó- el hijo del rey del mar, entregado casi en bandeja de plata.
Fucao y Waikife estaban mas cerca.
- Witralawe- la flecha de Fucao pasó rosando al brujo.
- Pero si es el mocoso que escapó de Encerrahue, y su indio acompañante, las coincidencias no existen en este mundo, supongo que es mi destino acabar con todos estos pajaros.
- Witranalwe- se escuchó en la distancia- y uno de los hombres pez cayó carbonizado, una bola de fuego había dado con el.
En otra dirección había aparecido un cuchivilú con un viejo hombre montado en él, una pistola tenia un leve brillo opaco, solo por algún Witranalwe había logrado disparar aquella arma.
Hubo un gesto, Waikife quería al brujo, Fucao se conformó con el hombre con Witranalwe.
Hubo una explosion, la bala Witranalwe chocó contra un pequeño escudo de madera que Fucao tenia, al que también había puesto su Witranalwe, el escudo se volvió en mil pedazos.
El hombre sacó de su cinturón dos enormes corvos.
- Witranalwe- Fucao disparó con su ballesta, pero uno de los corvos tambioen con Witranalwe del hombre, cortaron la flecha en dos, entonces bajandose del cuchivilú, comenzó a correr hacia Fucao.
Fucao por su parte dejó caer su ballesta momentáneamente y de su cinturón sacó una pequeña espada corta de hoja de plata que el propio Millalobo le habia pasado.
- Witranalwe - gritó sobre ella y corrió hacia su enemigo.
Cuando las dos hojas chocaron entre si, hubo un silencio, y si hubieran observado bien, la roca a sus pies se cortó en forma de x, en una forma tan fina como una hebra de pelo.
El corvo con Witralawe era el de la mano derecha del sujeto, y chocó con la espada pero con su mano izquierda lanzó un golpe ascendente, era un corvo comun y corriente, pero no por ello menos peligroso.
Fucao alcanzó a saltar hacia atrás sintiendo como la hoja había rosado su mejilla, formándose un pequeño corte bajo su ojo, un poco de sangre comenzó a salir y diluirse en el entorno.
Cada uno salto un paso haca atrás alejándose uno del otro, pero el sujeto volvió a dar otro salto hacia atras, y para sorpresa de Fucao, una lanza cayó a los pies de donde el hombre había estado previamente.
Desde su espalda apareció un hombre lobo marino.
- estas bien muchacho- grito este.
Fucao lo miró por el rabillo del ojo, lo reconocío, era un hombre que estaba con su familia, lo habia conocido en la resistencia..
El hombre con el que peleaba Fucao se pasó la lengua por los labios.
- por fin un hombre lobo marino, hace meses que tengo prometido la piel de ellos.
- Y diciendo esto corrió con su corvo en mano hacia el hombre lobo marino, Fucao intentó ir tras el, pero el hombre le lanzó el corvo con Witranalwe.
Unas rocas se partieron en la distancia.
Fucao levantó la lanza y corrió tras el.
Pronto el hombre lobo marino esquivaba los golpes ya que no tenia arma, contra el hombre con corvos.
- toma- gritó Fucao en la distancia y lanzó la flecha un par de metros a la espalda del hombre lobo marino, así que rápidamente este llegó a la lanza y se logro defender del primer golpe.
Fucao por detrás llegó con su espada del Pouten, no se atrevía a usar Witranalwe por miedo a dañar al hombre lobo marino.
El hombre a pesar de su edad era increíblemente ágil, podía bloquear la espada o la lanza esquivando la otra arma, y más de una vez Fucao y el hombre lobo marino chocaron sus armas.
Entonces hubo un zumbido, y luego sangre, el hombre lobo marino había sido herido en el muslo por una flecha blanca al parecer de hueso.
Fucao levantó la mirada y vio por primera vez en su vida un camahueto.
El camahueto con su forma de ternero negro y robusto con un solo cuerno sobre la frente y montado en negras montaduras, y sentado en ellas, el flechero, con quien ya se habían encontrado en el camino hacia el Pouten.
- yo me hago cargo de este hombre- dijo el hombre lobo marino.
Fucao no sabia si sentir alivio por poder utilizar Witranalwe o miedo por recordar aquella figura.
El hombre lobo marino estuvo entonces solo peleando contra el hombre del Witranalwe.
Aunque el hombre lobo marino no podía mover mucho la pierna, pudo mantenerse firme en la defensa, y como esta vez no había un Fucao al frente con quien podría chocar su arma, comenzó a atacar mas fuerte.
El hombre a su vez, movía el corvo con mucha agilidad desviando todos los ataques de la lanza.
- ¿por que no me atacas con eso que usabas contra el muchacho?- grito peleando el hombre lobo marino.
- Por tu piel- respondió- la mas grande belleza, la piel de un hombre lobo marino, quiero tu piel, no me gustaría dañarla innecesariamente.
La rabia se apoderó del hombre lobo marino, quien con un golpe de costado con la lanza derribó al cazador de pieles, y una vez tendido en el suelo, se abalanzó sobre el, con la lanza apretándole a la altura del cuello.
- no subestimes a mi pueblo- le gritó en la cara.
- Y no me subestimes a mi- dijo el cazador, apenas pudiendo articular palabra – un poco de daño es algo que puedo aguantar.
Y diciendo esto descargó su machete contra el brazo izquierdo del hombre.
El brazo se partió hasta el hueso, el cual quedó flotando levemente en el agua, la sangre rápidamente se arremolinó en la escena.
El hombre lobo marino ahogó un grito de dolor y saltó hacia atrás al tiempo que el cazador se había soltado.
- saliste mas fácil de aniquilar que ese muchacho del sur que perseguí por meses, hubiera preferido el fuera mi primer trofeo, pero me conformaré contigo, Emha creo que se llamaba.
Aquellas palabras atravesaron el dolor del hombre lobo marino y lo hicieron despertar.
- mi hijo, mi hijo está vivo y has peleado con mi hijo.
- Entonces arremetió de lleno contra el cazador, con su brazo derecho sujetando firmemente la lanza.
El corvo del cazador lo esperaba y penetró en las carnes, por el contado izquierdo nuevamente al lado del estomago milagrosamente evitando organos vitales. Pero el hombre lobo marino aguantando el dolor no paró en seco hasta pasar la defensa del cazador y clavar su lanza en el centro del pecho, la escena solo se vio como una estela roja, de la cual se alejó levemente flotando el cazador, “chilote” como era conocido en otras tierras, su collar había sido cortado también, mientras que en el suelo el hombre lobo marino caía de bruces, inconsciente, no muerto pero muy grave mirando hacia las alturas.
- hice mi parte, que mis hijos puedan estar a salvo ahora de un sujeto como él- dijo cerrando los ojos.
- Witranalwe- gritó Fucao sobre su espada, la cual tomó un brillo opalescente.
El flechero lo miraba.
- antes que empecemos a pelear- dijo el flechero para sorpresa de Fucao.- ¿como obtuviste ese Witranalwe?.
Fucao se puso nervioso.
- ¿porque no tienes tú?- respondió.
- Fácil, fui contratado por la recta provincia para llevarte, para llevarte a ti y a tu indio acompañante, algunos que vinieron con el Cachafaz tienen Witranalwe, los brujos no pueden otorgar eso, ahora dime como abstuviste el tuyo dependiendo de eso podré mostrar algo de compasión contigo.
- Nunca- gritó Fucao corriendo hacia él.
El flechero puso su brazo hacia el.
- tonto- dijo y salieron sus flechas por la muñeca.
Una flecha en cada muslo y Fucao cayó de bruces.
El flechero se acercó levemente a el.
No será nada de difícil llevarte.
Waikife lanzó un par de fechas hacia el brujo.
- Witranalwe habia gritado con la primera.
El brujo lo esquivo con rapidez, y se su cuello tocó un extraño silbato.
El agua alrededor de Waikife se volvió mas densa y mas oscura, las distintas masas de aguas serpenteaban, y se volvían sólidas, tenían bocas que se abrían naciendo otras, pronto ojos oscuros lo rodeaban, lo in movilizaban, y lo jalaban hacia la tierra, trató de gritar Witranalwe, pero una masa oscura entró por su gargante impidiendole hablar.
Las fuerzas se detenían, el brujo caminaba confiado hacia Waikife, sacó una navaja que con toca tranquilidad acercó a su cuello, de un corte lo ahogaría.
“no puedo moverte, voy a morir- pensaba Waikife- de todo, de todas las cosas, no puede ser este el fin, no, no, debo encontrarla, a ella, mi amada, debo encontrar el alma de los hombres, mi pueblo necesita mi ayuda, ahora estoy aquí en peleas que no son mías, no puedo morir, no debo morir aquí”
Y en un momento de desesperación, luchando contra toda esa presión que lo inmovilizaba, solo sintiendo mas que viendo, movió su brazo, detuvo el corte de la navaja con su propio brazo.
Y de un machete que tenia en la cintura, logró cortar hacia adelante, hacia el brujo, no fue un golpe muy fuerte ni muy profundo, pero si fue una herida grande en el costado.
El brujo reaccionó tarde, cayó sangrando.
- maldito indio de mierda.
Y Waikife enterró el machete a su costado, en la arena, el brujo lo esquivó pero hacia pasado entre el collar de algas, cuando el brujo se levanto bruscamente se cortó.
Hubo un segundo antes de entender que había pasado, un segundo en el que no alcanzó a reaccionar, sus pulmones estaban llenos de agua, así que con su ultimas fuerzas se convirtió en un delfín austral, pero su nueva forma también tenia los pulmones llenos de agua, y el delfín se agitó una fracción de segundo, antes de quedar flotando, muerto ahogado.
La masa oscura alrededor de Waikife se desprendió y por fin estaba libre.
Miró a su alrededor, y vio a Fucao varios metros a la distancia en el suelo, y el flechero que se acercaba, y por la situación no pensó en que atacar de espalda fuera una cobardía, simplemente lo hizo.
- Witranalwe- dijo en voz baja, y la flecha de su ballesta que estaba direccionada comenzó a brillar y se lanzó.
Quizás porque tipo de percepción el flechero logró sentir una amenaza acercándose.
Saltó hacia atrás, pero la flecha rozó su brazo izquierdo, lo suficiente como para saltar por el impacto, su brazo sangrando y partido, solo por unos nervios su brazo seguía unido a su cuerpo.
El flechero lanzó una exclamación, miró detrás y vio a Waikife quien le había disparado, Waikife apuntaba, pero las aguas alrededor se agitaban más rápidamente, y más fuerte como una tormenta que empeoraba, así que mantener la dirección era casi imposible.
El flechero entendió que en esas condiciones estaba en desventaja, y semi agachado caminó mientras silbaba, un cuchiviilú cercano tiró a su jinete y se acercó serpenteando rápido hacia quien lo llamaba, el flechero se montó en el y partió.
Entonces la gigantesca criatura verde abrió su boca y comenzó a succionar, el Millalobo trató de nadar en contra pero fue absorbido por la vertiginosa corriente. La boca se cerró.
En el interior podía ver, después de todo seguía siendo el rey del mar y sus ojos emitían la luz que necesitaba.
En la boca habían restos de gigantescos dientes de nulo o poco uso, y unas barbas de ballena gigantescas, ese fue la primera cosa, el Millalobo nadó con fuerza hacia ellas, al principio quedo un tanto atrapado en ellas, pero la dorada piel del Millalobo comenzó a quemar como el fuego, las barbas se chamuscaron permitiendo al rey del mar entrar en la boca.
La lengua a sus pies se veía áspera como la lija y pegajosa, y comenzó a subir, así que el Millalobo nadando a toda velocidad siguió derecho hacia el corto esófago y al llegar al estomago, una caverna verdosa y apestosa el agua solo llegaba hasta la mitad y se volvía muy ácida, la propia piel del Millalobo comenzaba a arder, un humano, o cualquier otra criatura ya se hubiera corroído hasta los huesos,
El Millalobo saltó del agua y chocando con el techo de la caverna, la pared estaba recubierta de una sustancia muy ácida, así que comenzó a dar vueltas en torno a la caverna que se iba acidificando cada vez mas, el movimiento se volvió circular y pronto toda el agua del estomago giraba como un torbellino movido por el propio Millalobo, y empujando el mismo a costa de hacerse quemaduras graves, logro devolverse por el esófago, y ahí donde el epitelio de la gigantesca criatura era menos resistente, comenzó a perforar ayudado por el ph del torbellino con que irrumpió ahí.
El criatura verde tenia un caso severo de reflujo gracias al Millalobo, hasta que pronto la piel cedió, y el Millalobo comenzó a abrirse camino entre las carnes, hasta encontrar una arteria, donde el Millaoobo se sumergió, pronto tuvo acceso a todos los puntos del cuerpo de la criatura via su sistema nervioso.
Hasta que llegó al corazón de la criatura, y ahí usando su gran poder comandando la sangre de la criatura tal como podía comandar las aguas, reventando arterias y venas, llenado de líquido el corazón, llenándole sangre a los pulmones. La criatura gigante tuvo un paro cardiaco y comenzó lentamente a hundirse.
Cuando el Millalobo se dio cuenta que había vencido, se hizo camino hacia los pulmones, donde tras romper algunas capas de tejido logró ser libre y salir por el agujero nasal que estaba detrás de la cabeza de la criatura.
El gigantesco cuerpo muerto se hundía chocando con varios caleuches.
Sin criatura, con varios barcos perdidos, y sin alguna autoridad visible, las tropas que estaban atacando el Pouten comenzaron la retirada, entonces el mismo Millalobo ayudó a hundir barcos, para que no volvieran a recuperarse y pudieran lanzar un nuevo ataque contra el Pouten, la batalla había sido ganada.
lunes 3 de enero de 2011
14.- Defensiva del pouten.

Lo primero que había que hacer era alguna celebración en honor a la unidad, la fiesta era la única forma de pacificar los ánimos, alegrar espíritus y dar esperanza a los habitantes del Pouten que habían sufrido bastantes aquellos días.
Hubo una ceremonia real con todos los llamados anteriormente rebeldes y de la resistencia, en el salón real, y una mención honrosa para quienes lograron entrar al palacio para obtener una lagrima de Caicai.
En medio de la comida en el salón principal, lleno de grandes manjares, langostas, pescados de todo tipo, luche y cochayuyo (El misterio de como cocinaron tales comidas bajo el agua fue algo que solo la realeza podía saber).
- un momento- dijo entonces el Millalobo- dado que bajo el agua no puedo dar brindis quisiera dar mi mas sincero agradecimiento a los amigos que ayudaron y que ni siquiera son de estas tierras, y por favor quiero que se levantes los hombres de la superficie que lucharon en esta batalla que no era suya.
Fucao, Waikife, y Clodomiro con toda su tripulación se levantaron de sus asientos.
El Millalobo camino hacia ellos.
- por ser quien bajó vio a Cai cai y obtuvo una lagrima, siendo que no era del todo su deber, tu Fucao eres considerado como amigo legitimo del Pouten del oeste de Chiloé- y diciendo esto le dio una palmada en su espalda.
Luego comenzó a dar palmadas a cada uno de los demás hombres dándole las gracias por ayudar al Pouten.
Luego les hizo una seña para que se sentaran y fue a su puesto en el extremo de la mesa a seguir comiendo, aunque antes de volver a comer hizo un gesto de que hablaría nuevamente.
- salvo Enrique, Fucao, y Waikife, estoy por otra parte muy desilusionado de ustedes…
Hubo un murmullo general.
- las riquezas como el oro en estas circunstancias no significan nada, y de recompensa por vuestra ayuda les hubiéramos dado tanto oro como pudieran llevarse en su humilde embarcación, pero han querido robar, no es el acto en si, es lo que significa y lo que provoca, desconfianza por su desmedida ambición ya que cuando estuvieron en el cuarto del tesoro robaron valiosas piezas de oro que tienen escondidas en su ropas, la verdad pueden quedárselas, mas no puedo aceptar tales acciones en mi Pouten, por eso les digo que en cuanto termine el banquete deben retirarse del Pouten, les daré algo de oro como recompensa también. pero les prohíbo intentar regresar aquí nuevamente.
Los hombres bajaron la mirada.
- Enrique Fucao, y Waikife son libres de decidir si se van o se quedan.
- Yo me voy con ellos- comentó Enrique- son mis compañeros y con ellos llegué con ellos partiré.
- Y bien les hace una persona como tú, que tenga algo de juicio en sus acciones.
- Nosotros nos quedaremos- comentó Waikife- debemos investigar algo que puede que ustedes sepan.
El Millalobo asintió.
- lo ayudaremos como podamos- comentó.
Luego del mal rato comieron, tratando de olvidar lo sucedido, disfrutando su último instante en aquel mágico lugar.
Un grupo de hombres lobo-marino llegó tocando música, violines, guitarra y acordeón, comenzaron los bailes, Waikife se quedó sentado.
Clodomiro y los demás salieron a bailar con mujeres mitrad pez, y Fucao fue sacado a bailar por la misma Pincoya.
Cohibido y todo tenia bastante gracia a la hora de bailar un vals chilote o una buena cueca.
La comida terminó bien tarde, con los ánimos encendidos, pero tal como el Millalobo lo había dicho, los hombres tenían que partir.
La embarcación ya estaba arreglada el propio Millalobo había dado ordenes de reconstrucción de la embarcación previo a la comida.
Los hombres subieron las cosas a bordo.
- cuídate- le dijo Clodomiro a Fucao mientras lo abrazaba.
- También tú- le dijo a Waikife.
- su viaje no ha terminado estoy seguro, y estoy seguro que pasarán por cosas imposibles, nos gustaría seguir acompañándolos pero debemos partir y ustedes deben quedarse, pero si Dios quiere, algún día nos volveremos a ver.
Cada uno de los hombres se despidió, era una situación agridulce, agria por que eran echados, y dulce porque partían con más oro del que habían esperado.
Soltaron el ancla, y la embarcación comenzó a elevarse, guiado por varios hombres lobo-marino y hombres pouten, se fue guiando lentamente la embarcación, solo los collares de alga quedaron tras de si, flotando, dentro del barco no era necesario ahora el barco estaba bajo arte para evitar que se ahogaran.
- viste eso- comentó Fucao a Waikife.
- ¿que cosa?
- Una cara extraña se asomó a bordo.- contestó.
- Es un espíritu de las aguas, algo así como un duende- comentó la Pincoya por lo bajo.
Fucao se calló de inmediato, rojo por lo nervioso que la Pincoya lo ponía.
- ¿por que van con eso?- preguntó Waikife.
- Es una especia de castigo, o de enseñanza.
- ¿a que te refieres?
- Es un duende de codicia, eso no lo podemos sacar parte del que robaron oro del Pouten, su viaje será incierto hasta que logren zafarse de él, arriba los esperará una tormenta, una tormenta como ninguna otra que los llevará a los lugares más distantes.
- ¿por que?
- Porque los llevará donde deben estar, no donde ellos quieren estar, ellos tendrán un viaje tan largo como el que ustedes dos tendrán que seguir adelante, ese es el regalo mas grande o castigo, mas grande que les puede dar el pouten, ahora hay que seguir con nuestras vidas, ¿que es lo que quieren investigar?
Waikife entonces comenzó a relatar toda su historia hasta llegar al Pouten, Fucao que estaba callado a su vez añadió su parte de como llegó a conocer a Waikife.
- por eso tienen Witranalwe- añadió- ¿sabes? Pronto deberemos afrontar una segunda lucha, y por lo que entiendo ustedes están tan conectados con esta guerra como nosotros, ayúdennos, quédense con nosotros hasta que esto pase y los ayudaremos, toda la red de inteligencia del Pouten será utilizado para descubrir, el paradero de la alma de los hombres de tu pueblo, Waikife, al igual que el de la mujer que hablas, y por otra parte ver si descubrimos alguna forma de ayudar a tu pueblo, aunque viéndolo así, no será tarea fácil y tu pueblo estará aislado mientras existan los trece, perdón doce, ya que uno lo mate yo misma.
Fucao y Waikife quedaron mas tranquilo, sabían estaban, donde debían estar.
Por otro lado tratar de detener una guerra civil es complicado, la batalla previa había encendido ánimos y había creado odios, el Millalobo y toda la familia real tenían todas sus fuerzas de detener el odio, el Pouten debía estar unido y más firme que nunca.
Había pasado casi un mes cuando llegaron noticias, al sur de la isla se estaba formando una armada como ninguna otra, así fue que los recursos del Pouten comenzaron a guardarse, algunos merecían descanso, otros prepararse, las diferencias desaparecieron a la luz de que alguien externo invadiría el Pouten.
La mañana fue un tanto oscura por las nubes sobre el mar que impedía entraran de buena forma los rayos del sol, las ballenas habían desviado su ruta migratoria, toninas, delfines, orcas y toda clase de criatura no se acercaron al pouten.
Las campanas sonaron, sobre un torreón un hombre lobo marino había visto algo en la distancia, hacia el sur el mar era oscurecido por algo mucho mas denso que una nube, pronto, comenzaron a verse que la oscuridad se sumergía, eran decenas de barcos submarinos, decenas de caleuches con cañones en sus costados, las banderas que flameaban una con un dibujo de Chiloe divido en provincias, el símbolo de la recta provincia, y en otro una bandera tricolor con una mascara de carnaval en el centro, el símbolo del cachafaz.
Por los lados cientos de criaturas nadaban, hombres montados en serpenteantes cuchivilus, criaturas mitad cerdo y mida serpiente que se sumergían en las aguas, un gigantesco caballo azul marino de crines doradas, que parecía galopar sobre pastos invisibles con sus patas que terminaban en aletas junto con una aleta caudal semejante a las ballenas, con dos jinetes en su lomo.
Fucao y Waikife fueron llamados a los patios junto con todo un ejército de hombres listos para luchar, todos con armaduras doradas.
Los primeros cañones de los barcos comenzaron a disparar hacia el Pouten, las torres fueron abandonadas, y del embarcadero fueron enviadas varios caleuches del Pouten a luchar, muchos mas antiguos, pero también mas fuertes y poderosos.
Feroz fue el choque de los barcos, dos caleuches de los brujos chocaron sus quillas contra el casto de uno de los caleuches del pouten, los tres barcos cayeron, rápido comenzaron a caer.
Luego fue el turno de los hombres pez de luchar, fueron a pelear con sus lanzas contra los cuchivilus, montados por brujos.
Un grupo de hombres Pouten que podían convertirse en animales se fueron nadando convertido en cachalotes, los hombres lobo marino fueron detrás a luchar, Fucao y Waikife se montaron sobre unas toninas que les pasaron especialmente adiestradas y subieron a luchar con ballestas en su posesión.
El Millalobo, Pinyoy y la Pincoya también fueron a luchar.
Una lluvia de flechas caía sobre el Pouten, y una lluvia de flechas en forma invertida eran lanzadas desde el pouten.
Entonces un peñasco de hielo chocó contra la torre principal del palacio del Millalobo, y luego siguiendo su naturaleza en trozo de hielo comenzó a flotar hacia la superficie, luego otro peñasco chocó contra un muro, y otro.
Desde la superficie una sombra lanzaba los hielos con gran precisión, era Mwomo, una criatura de otra tierra, personificación de las avalanchas, que había venido a ayudar en la lucha.
Pincoy se dirigió de inmediato hacia ahí.
La Pincoya fue tras el caballo marino, y el Millalobo quedo expectante por una gigantesca criatura que venía detrás, parecía una ballena, pero de contornos aberrantes, de tonos café verdoso y de un tamaño descomunal.
Pincoy llego hasta la superficie y alcanzó a agarrar uno de los trozos de hielo a solo unos metros de haber sido disparados y lo devolvió hacia la superficie donde Mwono estaba flotando sobre las aguas sobre un gigantesco trozo de hielo.
Ambos trozos de hielo se partieron, Mwomo se desestabilizó.
Del agua cientos de “hilos” de agua se levantaron apresando a Mwomo, y luego fue sumergido, Mwomo había sido arrastrado dentro del agua donde el Pincoy parecía estar utilizando las corrientes como hilos de una marioneta.
A un movimiento el agua alrededor de Mwomo se congelo en forma de un cristal de hielo irregular con múltiples puntas.
Pincoy quiso golpear con sus puños a fuerza bruta sobre el cristal de hielo, pero del hielo se formaron rápidamente puntas que se enterraron en el brazo del Pincoy. La sangre del Pincoy goteó de su mano, más densa que el agua, era como agua dentro del agua.
El cristal de hielo irregular se abrió como una cáscara, dentro Mwomo aguantando la respiración, Pincoy entonces lanzo golpes que golpearon el agua haciendo que esta fuera “arrojada” sobre Mwomo como grandes bolas de agua a alta presión, el cuerpo de Mwomo salto lejos dentro de las aguas sin mayor resistencia, Paicoy quiso entonces arrojarse sobre el, pero su cuerpo se lo impidió, su cuerpo estaba azulado, entonces lo entendió y y se congeló, hielo había entrado por su herida y se había congelado de adentro hacia afuera, de la piel hacia afuera se formó un enorme cristal de hielo, pero a diferencia de los trozos de hielo ordinarios este se sumergió hacia el fondo como una gigantesca roca.
Mwomo volvió a la superficie y congelando algo de agua de mar creo un mini iceberg sobre el cual descansar.
- mi parte está hecha, no me podrán decir que no hice mi parte- dijo hacia al mar como justificándose ante un jefe que no estaba presente- ahora me retiro el mar no es lo mío.
Y el trozo de hielo se alejó como impulsado por un fantástico motor.
miércoles 17 de noviembre de 2010
13.- Pincoy y el Millalobo.

Un grupo de avanzada fue a detener a la familia real, al Pincoy y la Pincoya, pero a un movimiento de manos de ellos se formó una corriente que barría con todo aquel que se interponía en su camino, hasta llegar a la entrada misma del palacio.
Las puertas as se abrieron de para en par ante la llegada de los principes. Era el mismo Millalobo quien los esperaba, con su pelaje dorado, lustroso, brillante. Y unos ojos oscuros como las profundidades del océano.
Varios metros mas atrás se veía a la reina, la vieja Huenchula como le llamaban los marinos, con su piel morena y pelo negro, observaba desde su trono destrozada la imagen que mas temía ver, a sus hijos luchando contra su esposo.
- manga de traidores- gritó el Millaobo- les di su oportunidad porque son mis hijos, dejé que se fueran del Pouten, que hicieran su vida aparte, y así es como me pagan, a mi, a su padre, su rey, nunca olvidaré esta ofensa, nunca perdonaré su traición, y por eso con mi propia mano, la mano fatigadora del mar ustedes morirán, porque son mis hijos y es mi responsabilidad que se vallan de este mundo.
La Pincoya por su parte se hizo a un lado, y el Pincoy comenzó a nadar en picada hacia el Millalobo, pero en el momento del golpe tuvo que detenerse, el Millalobo habia abierto sus fauces, si las hubiera cerrado sobre su mano el Pincoy hubiera terminado manco y con el antebrazo destrozado, pero en ese instante cambió a una patada.
La grasa en torno al Millalobo ondulo dispersando la fuerza del golpe. Aunque no impidió que el Millalobo retrocediera un par de metros chocando contra los arcos de la puerta principal del palacio.
Luego a un aletazo el Millalobo golpeó con la cabeza a su hijo lanzándolo lejos, dentro de la cámara contra uno de los muros que aguantó a penas el golpe.
El muro se agrieto de techo a suelo.
La Pincoya pasó entonces rozando al Millalobo y entró en la cámara.
El Millalobo mismo cerró las puertas y a una señal de sus aletas, mas guardias comenzaron a repeler a los rebeldes que venían con los príncipes, solo la Pincoya y el Pincoy habían logrado entrar en el palacio real.
La Pincoya de inmediato fue a ver su madre, y abrazarlas.
- ¿por que hacen esto?- preguntaba la Huenchula.
- Madre te extrañábamos, debíamos lograr que las cosas fueran como antes.
- ¿pero como? Eso es imposible.
- No, madre, tenemos un plan, y si resulta mi padre volverá a ser quien era, todo volverá a la normalidad, solo debes confiar en nosotros.
- Lo haré- le respondió la Huenchula con los ojos llenos de lágrimas, todo su ser quería que todo terminara de una vez por todas, sentía que había algo que no estaba bien.
El Millalobo había nadado hacia el Pincoy dándole de lleno con un cabezazo, luego lo golpeó con una aleta y chocó contra el suelo rompiendo todas las baldosas alrededor.
Una de las puertas se habia abierto, entrado una pequeña guardia real, con tres hombres con sus respectivos collares para respirar bajo el agua, el jefe tenia un poncho que se ondulaba con gracia en el agua, un gorro chilote cubría su pelo y un bigote, solo su bigote sobresalía de su cara.
- alto ahí- gritó- detengan el ataque real.
La Pincoya dejó a su madre y sacando una daga de oro que tenia en su cintura nadó hacia Él.
El hombre, el brujo, al verla acercarse silbó y el agua alrededor de el se tiñó de un rojo carmesí, la misma agua alrededor fue la que detuvo el corte.
- marea roja- exclamó la pincoya.
Los hombres alrededor del brujo apuntaron con sus ballestas.
- iluso, humano, aunque seas un brujo sigues siendo humano, agitó fuerte con su cuchilló, y fue como si empujara agua con un poder cortador inigualable, la marea se partió en dos y el brujo se partió en dos, un corte desde el hombro izquierdo hasta cerca de la cadera derecha, la sangre reemplazo el agua carmesí de la marea roja tiñendo de rojo, los hombres a su lado salieron corriendo despavoridos.
Rápido caminó hasta las puertas y las cerro, y a un susurro de la Pincoya comenzaron a brotar algas que cubrieron la puerta bloqueándola permanentemente.
El Pincoy hacia esquivado rodando un segundo golpe. Y con gracia a un movimiento de pies estaba de pie nuevamente, agitó sus brazos y en torno a ellos se esbozaron dos torbellinos y los manejó tratando de hacer prisionero al Millalobo con ellos.
- tonto, yo soy el rey del mar- respondió, y al parecer con sus aletas detuvo los torbellinos, y estos comenzaron girar hacia el otro lado. El Pincoy tuvo que saltar hacia atrás, ahora era el Millalobo quien utilizaba los torbellinos, con el torbellino de su aleta izquierda golpeó el muro que daba hacia el exterior, la puerta se destrozó en mil pedazos y los trozos de madera se unieron a la masa de agua en movimiento, con el torbellino de la mano derecha succionó la sangre que estaba flotando unos metros mas allá de donde la Pincoya Habia matado al brujo, con su torbellino izquierdo comenzó a lanzar astillas hacia su hijo, que se cubrió la cara, trozos de madera estaban ensartados en todo su cuerpo, una estaca aún mas grande estaba en su costado, la dorada sangre del Pincoy goteaba, siendo mas densa que el agua, no se mezclaba, y con el otro torbellino lo cubrió, tratando de penetrar con aquella sangre humana por cada herida del Pincoy, tratando de mezclar sus sangres.
- morirás como lo que eres como el traidor que eres…-
Pero la frase no la alcanzó a terminar, se paralizó completamente el Millalobo y sangre dorada comenzó a brotar.
La Huenchula la misma huenchula se habia acercado a su marido, y el fulgor de la batalla nadie la había visto, había sacado un cuerno de oro, la “millacura” pieza donde estaba guardado el primer rayo de sol de muchos amaneceres, e hirió a sus maridos.
Los torbellinos se deshicieron, los ojos del Millalobo se volvieron más tenues.
- Esposa, amada mía- dijo con una lagrima en los ojos.
Luego la visión se volvió mas dura.
- traidora, nunca debí confiar en tu belleza, tú y tus hijos son unos traidores, se nota que no has olvidado aún el que fuiste humana alguna vez, lo ruin no puede salir tan fácilmente.
Luego gritó, aleteó ni nada, no podía hacer nada, las aguas no le obedecían.
- ¿que me has hecho vieja bruja?
Entonces el Millalobo se vio enrrededado entre huiros y cochayuyos que habían brotado del suelo, la Pincoya lo tenía prisionero.
- ahora hay que sacarle ese poderoso arte- se escuchó en la puerta.
Por la entrada había una anciana mujer, se había acercado sigilosa en una embarcación, custodiada por una ballena blanca gigantesca que había bloqueado cualquier ataque del ejercito del pouten hacia la anciana, alrededor revoloteaban varios Cahuelches, humanos convertidos en toninas, para sobrevivir al gran diluvio quienes siempre la seguían.
- madre- comentó a Huenchula.
- Abuela- dijo la Pincoya.
El Pincoy estaba inconsciente en el suelo.
El Millalobo la miraba con rabia.
- toda su estirpe son pura bajeza.
- El rey del mar se enamoró de mi hija, a eso no pude hacer nada, mas se bien que es sabio, muy sabio, y este de aqui no es el rey del mar que conozco, no es el Millalobo que conozco.
- ¿Quien lo dice? una estúpida humana que no sabe hacer caso a una sola regla. Tu hija volvió contigo y aún así no pudiste cumplir con aquella sola regla, no mirar el bulto que tu hija llevaba, hubieras vivido plenamente rica, en la superficie como toda una humana puede aspirar a hacer.
- Sabes muy bien que era mi hija, y volvía, al diablo con las riquezas, era mi nieta quien volvía, y aquel bulto, sería ¿un nieto? Sabes que no sabia tampoco que se trataba del rey del mar, sabes muy bien porque me perdonaste, como iba a saber que ver el envoltorio iba a llevarme a la desgracia, que mi hija se iria a la mar junto con aquellas ricas y extrañas gentes, los hombres-lobo marino, ¿como sabría que iba a pasar sola el resto de mis días? Por eso la busqué por eso me hice a la mar…
- Y por tu estupidez moriste, moriste en medio de una tormenta, moriste sola.
- Pero me perdonaste.
- Y debía haberte dejado muerta pero…
Sus ojos de ablandaron había parte del arte que a veces flaqueaba.
- tu propia hija me encontró, mi querida nieta, me conoció y tomó mi cuerpo y te pidió tu ayuda, tú la perdonaste porque después de todo siempre será tu hija, y me reviviste, nunca volver a tierra firme, nunca volver a hablar con un humano, fue una condición justa, y la acepté, converso con mis amigos los Cahuelche, y mi familia que ya no es humana sino algo mas, ahora que en esta sala no hay ningún humano puedo hablar, y puedo ayudar a sacarle el arte, pero necesito lo que ustedes saben una lagrima de Trentren vilú la colosal serpiente de las aguas.
La Pincoya decidida fue hacia la otra puerta aún abierta la abrió de par en par, un grupo de soldados estaba esperando tras de si.
A un movimiento del cuchillo la guardia estaba muerta, una guardia hecha en su mayoria por brujos y algunos hombre lobo marinos.
Caminó por los pasillos decidida aquella era su casa, cortando cada vez que se encontraba con un soldado que le hiciera frente, hasta llegar a la cámara del tesoro real, un grupo de soldados previamente muertos, y en la antesala, varios hombres esperando, eran Clodomiro y sus hombres, Waikife y otros miembros de la resistencia.
- ¿por donde llegaron?- preguntó sorprendida.
- Tenemos nuestros métodos bella dama- respondió Clodomiro.
- ¿y Paicoy?- preguntó.
Enrique se acercó con la forma transformada de ambos.
- algo les hicieron.- murmuró.
La Pincoya los tomó en sus brazos, al tiempo que la puerta se abría, era Fucao quien aparecía.
- he llegado.
Los ojos de Fucao se encontraron de inmediato, la Pincoya se acercó agradecida y aliviada al ver un balde con un poco de lagrima de trentren. Fucao cohibido miró al suelo al tiempo que se ponia colorado.
- eres un encanto, gracias- le dijo la Pincoya a Fucao dándole un beso en la boca, luego dio media vuelta llevándose el balde con la lagrima y los dos hombres del pouten convertidos en equinodermos.
- Esperen aquí, por nada del mundo nos sigan- dijo mientras se alejaba.
Fucao estaba embobado, sorprendido aun por aquello, era su primer beso.
Waikife se acercó a Fucao.
- ahora solo nos queda esperar- dijo.
La Pincoya camino tranquila por los pasillos sin encontrarse con nuevos obstáculos hasta llegar al salón principal, su hermano el Pincoy estaba siendo tratado por su abuela la Huenchur, en un rincón, mientras el Millalobo trataba de provocarlos gritándole todo tipo de cosas.
La Huenchur se acercó a su nieta y vio el balde con la lagrima de Trentren.
- eso fue rapido- comentó.
- Tuve ayuda- respondió la Pincoya, quien fue a cuidar a su hermano.
Las palabras de la Huenchur solo podrían haber sido entendidas por otros como ella, por los Cahuelches, por el mar y los vientos.
Sus acciones mucho menos explicadas, solo que obligó al Millalobo a beber de la lagrima.
En ese instante final del ritual el arte se rompió. Los ojos del Millalobo tomaron un color negro y levemente dorado, como siempre, se habia tranquilizado, todo arte en él, de todo tipo había desaparecido, por eso ni la Curamilla hacia daño mas, a un soplido las algas retrocedieron. El Millalobo miraba a su familia, y lloró, beso a su esposa, pidió perdón a su hija, le dio las gracias a la Huenchur, sopló sobre los hombres poutenes quienes recuperaron su forma aun estando inconsciente como estaban, se acercó donde su hijo y con espuma cubrio sus heridas que sanaron.
- engañado fui- dijo- les pido perdón a cada uno de ustedes, esta cruenta guerra civil es absolutamente mi culpa.
Salió del palacio y gritó con una voz propia del rey del mar, en todo el Pouten se escuchó.
- os habla vuestro rey el Millalobo, primero ordeno a cada uno de ustedes que detengan la lucha, ordeno a mis ejércitos y les pido a los llamados rebeldes, primero les quiero pedir perdón por lo hecho, los hermanos de sangre no deben pelear, nunca, todos los brujos de las filas están expulsados del Pouten y son considerado como personas no gratas del mar, les doy el tiempo de irse pacíficamente de mi tierra, o serán masacrados después. Mis hijos que había hecho sufrir en demasía me han ayudado a salir del estado que me encontraba, gracia s a ellos, mi familia, ahora quiero que bajen sus armas y nos reunamos para la reconstrucción… gracias.
El Millalobo volvió a su familia.
- ahora debemos restaurar.
- Y yo ir- dijo la Huenchur.- mi amiga la ballena blanca que ven afuera me ayudó ahora debo partir con ella, cosas malas están sucediendo por todo el mar, ahora debo seguir ayudando.
Y diciendo aquello se fue.
La familia se abrazó, y comenzó de inmediato la reconstrucción.
sábado 14 de agosto de 2010
12., Cai cai vilú.

La caravana estaba ya casi encima de la ciudad, el Pincoy y la Pincoya se dirigían de inmediato hacia el palacio, cuando de las torres comenzaron a lanzar proyectiles, un par de hombres armados se separaron hacia ese ataque, un par de flechas chocaron contra la base de la embarcación “pincoy”
Un brujo se acercó rápidamente embistiendo sobre un cuchivilu (animal mitad cerdo mitad serpiente) en el que parecía nadar con gran agilidad.
-Witranalwe- dijo lentamente Waikilef.
La lanza que le habían pasado brillaba plateadamente y a un golpe logró derribar al brujo de la montura del cuchivilú.
El brujo herido de muerte caía hacia el fondo, aunque el cuchivilú rompió parte de la baranda de la embarcación, antes de elevarse para perderse libre en las alturas.
El golpe a su vez desestabilizó la embarcación la cual comenzó a bajar directamente hacia tierra firme.
Mientras bajaba un grupo de hombres lobos marinos rodearon la embarcación, atacarían del lugar mas desprotegido, desde arriba.
Mientras el Pincoy y la Pincoya seguían en la caravana, uno de los hombres lobo marino que iba con ellos, dijo algo e indicó atras, a sus espaldas veían la embarcación caer en lnea recta hacia el fondo.
- voy a ayudar- dijo una voz.
Los príncipes lo miraron.
- tu debes estar aqui.
- Volveré, lo prometo- dijo, era Paicoy.
Paicoy bajo hacia la embarcación, podía nadar perfectamente como si pudiera volar, esa era la comparación para con los hombres de tierra firme.
Rápido entraron a la parte cubierta de la embarcación, los vidrios estallaron al momento que las flechas entraban.
Entonces hubo un sonido distinto, se asomaron y un pequeño sequito de hombres lobo marinos rebeldes peleaban contra los otros, Paicoy había lanzado su lanza a uno de ellos, y bajaba en picada a alcanzar la embarcación.
Rápido salieron al exterior, los hombres dispararon con la ballesta que les habían pasado, Fucao y Waikife esperaban con sus armas.
Paicoy bajó a asegurarse como estaban. Y bajando se convirtió en una tonina.
Con la cabeza les hizo una seña, Fucao entendió y rápidamente montó a la Tonina, con su machete en mano.
- witrinalwe- gritó, y montando nado, y comenzó a atacar al grupo, el golpe de Fucao era fulminante.
El grupo atacante había sido reducido, Paicoy les dio un chillido que los hombres lobo marinos entendieron como que se retiraran.
Paicoy y Fucao llegaron a la embarcación que estaba más cerca del suelo.
Fucao tocó el suelo, y la Tonina se volvió en el cuerpo humano de Paicoy.
- ¿están bien?- preguntó.
Todos asintieron.
Entonces fue el choque despacio, el suelo, la barca había quedado encallada se podría decir en el suelo marino, una calle de aquel Pouten.
Al rededor habían numerosas casas y edificios de fachadas de roca, y muy poca madera, las puertas y ventanas de la población estaban cerradas evitando así lo máximo posible todo lo relacionado con aquel enfrentamiento.
Miraron hacia el cielo donde un hombre pez (Sumpall) bajaba a toda velocidad con una lanza a atacarlos, los hombres se pusieron en posición, pero una saeta salida de alguna casa dio en el blanco, el hombre pez quedó flotando muerto en el agua.
- rápido por aquí- se escuchó por una puerta que se entreabría.
Paicoy no podía llevarlos a todos deberían caminar desde ahí, así que quien quiera que fuera esperaba que fueran amigos.
Al entrar la casa estaba en penumbra solo alumbrada por una especie de candelabro aunque la luz tenia arte en su funcionamiento.
- acá, escóndanse- dijo el hombre que los había invitado- pronto llegaran a inspeccionar.
Era un hombre de mediana edad, humano, se podría decir, con branquias en su cuello y sin orificios nasales.
Entraron a una pieza atras y esperaron, el hombre hizo una seña y pronto llegó una sumpall a su lado.
- ¿de la superficie?- preguntó una vez estaban seguros señalando sus collares de alga.
- Si- respondieron.
- Yo también lo era, comentó el hombre, de Quellon, al sur de la isla, pero entonces me enamoré y nunca volví a tierra firme.
- ¿porque nos está ayudando?- preguntó Waikife…
- que impaciencia- respondió- porque el rey está distinto ha subido tributos, el rey, el Millalobo no se ha comportado en todos sus cabales, somos de lo que nos designamos, de la resistencia, y por eso queremos ayudar.
- Debo llegar al castillo tengo una misión ahí- comentó entonces Paicoy.
El hombre se puso pensativo, salir de la casa iba a ser casi imposible si venían a revisar, entonces se escucharon unas campanas, lejos en el palacio del Millalobo.
- están atacando el palacio, ahora todas las fuerzas se dirigen ahi.- dijo entonces el hombre.
La sumpall asintió.
- ahora es cuando pueden salir de la casa, toda la atención será llevada hasta el palacio.
- Pero eso no dificulta mas la tarea- preguntó Fucao- digo, que si toda la atención está en el palacio, ¿como vamos a llegar ahí?
- Eso déjenmelo a mi.
Rápido el hombre buscó entre las pertenencias y les pasó mantas a cada uno, mantas que se movian extraño en el fondo oceánico, era todo tan surrealista en aquel Pouten.
Tapándose caminaron por las calles, con las armas listas en caso de cualquier ataque.
Corrieron unas dos cuadras escondiéndose en las sombras de todo lo que les tapara de la visión de las alturas hasta llegar a una gran casa. Tocaron la puerta, y apareció otro hombre-lobo marino, los miró de arriba a abajo. El hombre se destapó el rostro y acto seguido entraron.
Estaba todo en penumbra también aquí, un par de peces pasaron por su lados. Y los llevaron a una sala central: varios hombres lobo marino, un par de hombres con agallas y un par de sumpall, estaban discutiendo.
- ¿quienes son?- preguntó un hombre grande, y viejo con agalla también cuando entraron.
- Somos rebeldes- dijo Paicoy- venimos por su ayuda.
- ¿en que podríamos ayudar?
- Necesitamos llegar al palacio de forma segura.
- No hay forma segura de llegar.
- Aunque… interrumpió un pez que estaba presente que rápidamente se volvió humano.
- ¿paicoy?- saludó, soy yo Payo.
Ambos amigos se dieron un abrazo fraterno.
- Dejemos los reencuentros para después, la verdad es que si hay una entrada pero solo nosotros los de nuestro linaje podrían usarla.
- ¿por que?
- En esta casa hay un poso afuera, lo cual no es mas que uno de los sistemas de ventilación de las cámaras interiores del palacio, el palacio tiene tubos de ventilación del agua, que ramifican hasta posos en casas especificas del Pouten, siguiendo la ruta podrían llegar, pero estas llegan a una pard de granito que se abre solo por dentro, dentro dejando solo un leve espacio para el cambio de agua del interior con el exterior, dentro estaría la cámara del tesoro protegida por muchos soldados.
Paicoy lo miró pensando un instante.
- vamos comentó, solo nosotros podemos ir porque solo nosotros cabemos por esa rendija, luego adentro con tantos guardias voy a necesitar ayuda.
- Vamos que estamos esperando.
El grupo de la resistencia comenzó a deliberar, y al final decidieron que 3 sumpall, 4 hombres-lobo marino, y tres hombres con agallas acompañarían el sequito, cada uno tomó una espada, ya que dentro del agua no había mucha variedad de armas que pudieran usar.
El patio de la casa era como el de las casas coloniales del Chile central, un patio rodeado por numerosas piezas, fuera un jardín de algas marinas, que se elevaban, peces nadando entre ellas, conchas y todo tipo de criaturas rastreras.
En medio habia exactamente un pozo, los hombres lobo marino, Paicoy, Payo y los hombres tritones ayudaron a bajar a los demas hombres incluyendo a Clodomiro y sus hombres que observaban todo en silencion junto con Fucao y Waikife.
Dentro llevaron algo parecido a antorchas que también iluminaban con arte, y comenzaron andar por el túnel, Paicoy y Payo iban encabezando la procesión, era un túnel estrecho, solo podían ir dos personas una al lado de la otra.
Caminaron por varios minutos, y cuando calcularon que debían estar a la altura del palacio se encontraron con la entrada bloqueada, por una inmensa mole de granito.
Paicoy y Payo se convirtieron cada uno en lenguados para pasar por debajo de la roca.
La roca de granito cubría cerca de dos metros de camino, Paicoy y Payo pasaron con no sin algunas dificultades por el espacio dentro de la roca, habrían crecido algunas conchas en las rocas, aunque como no llegaba luz del sol no crecían algas.
Al otro lado estaba la gigantesca cámara real del tesoro del Millalobo, que para sorpresa no estaba siendo custodiada por nadie, se volvieron humanos nuevamente y vieron una especie de palanca de metal incrustada en la pared, con fuerza ambos la bajaron, y la roca se deslizó con cuidado hacia arriba, el sistema de circulación de agua estaba despejado, rápidamente el grupo armado entró en la habitación.
Trozos de embarcaciones, oro, mucho oro, doblones españoles, y otros tantos tesoros llevados por piratas y hundidos por años en el lecho marino, armaduras, espadas españolas, artilugios ingleses, cosas de todas partes del mundo, traídas de los barcos hundidos en el estrecho de Magallanes, hacia el sur, conchas y perlas gigantes, el recinto era de paredes blancas con ciclópeos pilares que subían en una gigantesca bóveda, al fondo unas negras y gigantescas puertas con marco de cobre. Y a su izquierda un par de puertas no tan amplias que llevaban a otra parte del palacio.
Rápido comenzaron a explorar la cámara real.
- ¿esa es la puerta?- le hablo tímidamente Clodomiro a Paicoy mostrando las oscuras puertas.
- Si- respondió- hasta ahora va mejor que lo planeado, deben cuidar la entrada mientras bajo solo yo puedo…
Pero la frase fue interrumpida por un grupo de pasos, la guardia real había escuchado algo y bahía regresado.
Trataron de esconderse, y cuando la guardia llegó fue la emboscada, entre las ballestas y las armas personales, rápidamente redujeron a los atacantes, pero uno escapó, de la misma forma llegó una tropa nueva.
Los hombres de la resistencia salieron encararlos, Paicoy se convirtió en un cachalote y fue a emboscarlos.
Entonces la gran mole que era Paicoy se contrajo en un espasmo, se volvió humano y luego se achicó con la forma de una estrella de mar.
Payo fue detrás de él corriendo pero un dardo le llegó con el mismo efecto.
Uno de los hombres lobo marino miró a la cámara real donde Fucao y los demás se encontraban.
- llevenlós dentro a lugar seguro cierren la puerta y hagan lo que deben hacer.
Fucao corrió esquivando un par de dardos, tomó las dos estrellas de mar y entró junto a Waikife, Clodomiro y los demás, luego la cerraron.
Fuera se escuchaba la refriega.
- ¿que hacemos - dijo Clodomiro.
- Payo y Paicoy están inhabilitados se seguir con la misión por ahora- comentó Waikife.
- Uno de nosotros debe hacer su parte ir tras la puerta- comentó Fucao.
Hubo un momento de silencio, nadie se atrevía o quería ir.
- supongo que yo lo haré- comentó nuevamente Fucao.
- ¿por que lo haces? No hay nada que te amarre el que tengas que hacerlo tú- añadió Clodomiro al muchacho.
- Porque es lo correcto.- respondió caminando hacia la puerta.
Empujo la enorme puerta negra y ser deslizó con cuidado, dentro una gigantesca escalera de peldaños de basalto bajaba en espiral, y en los muros pronto se prendieron una especie de antorchas luminosas.
Fucao dio una última mirada al equipo detrás de si y comenzó a bajar por las escaleras.
El descenso era lento, poco a poco sentía que su cuerpo pesaba mas, una atmósfera de presión aumenta cada 10 metros de descenso, y su collar de algas ya lo protegía un tanto pero tantos eran los metros que Fucao bajaba cada vez que la presión comenzaba a hacer lo suyo, cada vez costaba mas respirara, cada vez su cuerpo respondía mas pesado, sus oídos estaban tapados, pero el fondo ya estaba a la vista, era una especie de piscina negra, al llegar a la orilla de la piscina bajando las escaleras encontró un balde de oro. Así que Fucao iba a sacar aquel negro líquido de la piscina.
- ¿quien eres tu?- escuchó una voz, profunda, antigua y fría, era una voz que parecía provenir dentro de su misma cabeza.
- Fucao, me llamo, ¿quien es usted?
- ¿que haces aquí?
- Vengo por un poco de esto del pozo.
- ¿para que?
- Me lo pidieron.
- ¿quien?
- Es para el Millalobo y acabar con esta guerra.
- ¿guerra?
Se escuchó un gruñido, y un suspiro
- ¿porque te interesa el Millalobo?, si eres un habitante de tierra.
- Quiero detener la guerra, y solo tal vez pueda encontrar alguna pista para ayudar a un amigo, o a mi propia madre.
- Tienes un arte sobre ti.
- Si lo se.
- Si te diera lo equivalente a un balde podrías terminar con eso, y con cualquier tipo de arte.
Fucao pensó de inmediato en su madre, la solución al arte del señor Pedregal.
- Mas solo te permitiré sacar un poco,- prosiguió- una sola vez, sabré si mientes, y todos lo lamentaran.
- ¿quien eres tu?
- Soy el hijo del gran Peripillan, soy el creador de los Sumpall mitad pez, soy el guardián de las aguas, soy la gran culebra que lo inundó antes, soy la gran serpiente Caicai, soy Cacaicai vilú, y créeme que antes ya he intentado acabar con los de tu estirpe y nada me costaría intentarlo nuevamente.
- No se preocupe cumpliré.- respondió Fucao.
Respetuosamente sumergió el balde en la piscina, rozando con algo en el fondo, algo elástico, parecía que el fondo era negro y el liquido viscoso que se mantenía dentro del balde sin mezclarse con el agua circúndate, era transparente.
Luego hubo una especie de temblor mientras se escuchaba.
- solo eso.
Desde una de las orillas apareció una especie de capa que cubría la enorme piscina, era tosca y dura la tapa como una gigantesca escama.
Cuando se tapó la piscina por completo, Fucao lo comprendió, aquello no era una piscina, era un ojo, había sacado una lagrima y la tapa era el párpado de un gigantesco ojo que estaba bajo el Poten, un ojo gigantesco de una criatura de dimensiones inimaginadas.
Fucao asustado aún comenzó a subir las escaleras, había tanto en juego, si tomaba él, se curaría del arte y ya nada lo perseguiría, podría seguir con su misión tranquilo, si la guardaba para su madre todo volvería a ser normal, y no necesitaría seguir acompañando a Waikife.
Lentamente había llegado a la parte superior, estaba mareado, su cabeza le dolía a mas no poder por el cambio de presión, sus músculos le molestaban como si hubiera estado corriendo sin para durante horas.
Waikife y los demás lo esperaban en la superficie.
- aquí esta lo que queríamos, debemos entregárselo al Millaobo- comentó.
La puerta estaba abierta, habían pasado varios minutos, habían acabado con gran parte de los guardias, 3 de los hombres que se habían unido, habían muerto por un par de flechas.
- ahora hay que ir al salón del trono- le respondio Waikife.
Fucao asintió y partieron corriendo por los pasillo.
Llegaron a unas escaleras que subieron, hasta una gran sala principal, detrás se escuchaban numerosos golpes una pelea monumental estaba siendo llevada a cabo.
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